sábado, 11 de agosto de 2012

La pareja de la policía nacional camina tranquila
bajo un sol de blancura casi argentea, pesado y
cargante como meter una mano en una cazuela
de habichuelas recién hechas, a fuego lento.

Ignoran totalmente lo que va a ocurrir,
desconocen que 6 metros por detrás de ellos
camina un chalado de aspecto inofensivo
un chalado que ya 3 veces ha comido trankimazin
como para matar a un caballo de carreras.
Y sin secuelas.

Que en las últimas dos semanas sólo se ha dedicado
a anotar y desechar formas de suicidio sin pastillas.
El arrojarse de un sitio alto está descartado
podría no morir y quedar tetrapléjico.
El tren sería la mejor opción, pero sabe que,
ante una criatura tan enorme, pesada y rápida,
podría el instinto de supervivencia.
Desde ingerir 2 litros de lejía hasta cortarse las venas,
sólo ha visto una opción viable: el tiro en la sién.
Contacta con los yonkis del barrio,
que le piden fuego y se sientan; y resulta, para ellos,
casi imposible conseguir una pistola en el mercado negro.
Así que la opción está clara:
se informa de las pistolas del 091 por internet,
salta sobre el menos alto, saca la pistola de la funda,
quita el seguro,
y se dispara un tiro en la sien.
Por fin podrá hablar con su amigo exiliado Pedro Salinas.

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